Mostrando entradas con la etiqueta Pasillos subterráneos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pasillos subterráneos. Mostrar todas las entradas

17 mar 2008

Decir

Antes de salir pintaste tus labios con un arcano permanente.
Hay palabras que se mantienen ocultas en un frasco de silencio parecido al de las viejas farmacias, con una etiqueta borrosa.
Ayer te vi así, como una palabra no dicha.
Ibas y venías por el pasillo en el que cuelgan los geranios. Lo recuerdo porque cortaste uno. ¿Qué secreto puede cuidar un geranio?.
Sentís que es fácil, que es posible aplastar las palabras para que no salgan. Ellas igual se escapan por las manos, por los ojos, o por las cejas.
Nada sabe una palabra acerca de guardar secretos. Sólo permanecen como pájaros en su nido sin saber que tienen destino de bala.
Vos no sabrás, dicen tus ojeras y no dicen más que eso, y será una maldición aún cuando ya no te importe ni cuidar ni herir o lo hayas olvidado.
Las otras palabras, las que sí podrás decir, juegan a la ronda delante del secreto desafiándole la siesta, provocándolo a salir, entonces te vas al patio y cortás un geranio para llenarte de tristeza y aguantar.

6 mar 2008

Azar

No te confundas, alejarnos es un misterio tan grande como habernos encontrado.
No es ese el tóxico que me inmoviliza. Puedo resistirlo.
La tristeza no vive en el recuerdo de tu lengua, ni en tu sangre transparente y dulce atravesando mi piel. Puedo vivir sin vos. Ya no importa.
Ni siquiera fue una palabra, mucho menos un gesto, apenas fue una demora en tu respuesta lo que me hizo entender de inmediato que estábamos en el no more.
No sé como funcionan las cosas. A veces un capricho firma una sentencia imposible de impugnar. Nadie puede ni debe apelar. El No More nace de la inocencia de un descuido.
"No estabas donde te necesité.
No fuiste conmigo a...
Te parece ridículo mi saco azul...
Ya... no more"
Esos veredictos nos destierran del otro. Los pasos, las miradas, el sudor, ya no serán actores de un dúo. Lo que era un acorde, serán notas sueltas sin brillo.
Esos veredictos arbitrarios nos exigen ser extranjeros por el resto de la eternidad.
Pero eso no es la tristeza. La tristeza es saber, que a pesar de todo, pudimos haber compartido un tiempo más en esta única vida que no regresará.

27 feb 2008

Asi

Amanece
El día será largo, pero aún así, no encontraremos la manera de amar.
Nada cambiará en el futuro. En unas horas buscarás un olvido adonde regresar mi voz y yo dejaré de pronunciar tu palabra. La noche decidió no actuar.
El faro mantiene su ronda ciega, sin escuchar el grito de las olas contra los peñascos ni diferenciar las naves, de las gaviotas.
¿Sabés? Aunque no nos convenga creerlo, todo lo que vivimos, fue tan estúpido como un semáforo.

21 feb 2008

Falso

Sali a la calle por última vez. Miré la luna e hice fondo blanco.
Unos segundos después del cuidadoso primer paso me llamó el eclipse en órbita a la puerta de la morocha del barrio, y me regaló una pasión sin cuerpo.
Entendí que los destellos y los conos de sombra tapaban mi voz, y me fui llevándome conmigo, tomados de la tristeza a caminar por el Pont Neuf.
Ya sé que Villa Urquiza no tiene esos puentes, pero es inevitable que los cruce para pedir deseos imposibles y ver mi imagen sobre el agua ahogándose en la superficie.
El maleficio de los eclipses me obliga a soñar con premura antes de que la oscuridad se robe mi bolso. La miel negra de quiensabequien me deja su sombra prosódica ilustrada con acentos antiguos. ¿Quién puede cambiar un acento, con manos monocordes?

Extraño la Cruz del Sur y su concurrida lejanía, los atados de Camel, el buen decir sitiado por las botellas de vino y la procaz sutileza de la mirada, y el derrumbe propuesto por los brazos de Celeste cuando llegaba hasta mí.
Estas situaciones creí vivir y nunca sucedieron, solamente porque no conocés mi nombre, aunque puedas ver las marcas.

Tal vez el destino -ese infierno idiota- no sepa de nosotros y sus relojes se paralicen de miedo al ver el eclipse...

4 feb 2008

Satellite of Love

No te asomes, podrías caer.
No es un sueño. Puedo volar.
El aire que roza mi cara ya no tiene nombre de viento. Se abre para mí y lo atravieso. El tiempo me mide sin que yo lo lea.
Atrás quedó la espera. Ahora acudo.
Ya me liberé de esas dos o tres palabras tuyas que necesitaba para no despegar.
Estoy libre de soñar sin necesidad de esperanza. y ver cómo brilla el sol en el horizonte que dejo.
No estés triste, entenderás mi alegría. El recorrido fue duro pero volar es placentero. No hallo daño mientras vuelo. Si supieras cómo se alivia mi pecho, no perderías alegría.
Soy por fin lo que imaginé, perdí el peso y el horror.

25 ene 2008

Saberte

No quedaron ni los registros ni los nombres de la hazaña. Los sobrevivientes ignoramos lo pasado. Solo la borrosa inseguridad se mezcla con la memoria.
Un breve murmullo se actualiza por la vecindad alucinada de otros relatos.
Todo esfuerzo para capturar lo perdido borra las huellas que intentó preservar el recuerdo.
Ahora mismo la evocación del episodio me aleja de la trama amarillenta y veraz...
En la augusta disciplina de la memoria, el universo dicta sentencia: Estás Proscripta.
El tiempo multiplica la ignorancia del hecho, y la narración le permite fugar.
Nada hace que estés aquí, ahora; y sin embargo estás.
Es imposible que recuerde una lluvia de agosto de hace, supongamos, 27 años. Es imposible que mantenga en el recuerdo una ola que me derribó en Mar del Plata el año en que fui de vacaciones con mi padre, o el nombre tantas veces repetido de un río del África. El mundo está lleno de imposibles cotidianos, sencillos y sin embargo, recuerdo la mano tuya recorriendo mi espalda. Olvidé mi espalda y las heridas que me provocaste, las palabras pronunciadas, tu boca, mi voz de niño. Olvidé al mundo, pero saberte me persigue...

15 ene 2008

Nosueños

Desde que dejé de fumar me es más difícil darle forma a los desvelos.
No sé de cuánto tiempo más dispongo para crear nuevos sueños, o acaso me sobren horas
Tal vez convenga quedarme piola con las utopías sepias, y esperar a que se cumplan, para tener nuevas, que es lo que suelo escuchar en la tele cuando alguien pretende mostrarse como ejemplo de cordura.
Entonces deberé renunciar al sueño de que mueras por mí, aunque día a día perfecciones tu lunar y las pecas de tu espalda.
A pesar de que la tarde se incline y me haga caer hacia el lado de los sueños, ya no quiero soñar.
Ahora solamente me tomo un café en el bar y miro cuando va al trabajo y sigo mirando cuando regresa. Contemplarla sin sueños, aniquila al futuro. Ya no quiero soñar solo.