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8 may 2008

Síncopa

Un día sus astros se despertaron una vereda más adelante y quedó como un ábaco que ofrece el resultado antes de conocer la operación.
Ella tiene acordes especiales pero los guarda bajo la remera que usa en vacaciones, cuando llora. Escribe al leer, se seca al bañarse, hace mimos con la pluma de un grito.
Su tempo quiere entrar en compás pero cuando está en Córdoba y Agüero siente el deber de cruzar Acoyte.
No se lamenta sino hasta más tarde, cuando termina de escribir en su cuaderno Laprida: "hoy hice lo que debía pero debí hacer otra cosa distinta"
Está en síncopa con la mañana, desayuna una merienda y mantiene la duda hasta un rato después de la certeza. Es una luna salidora a las 3 de la tarde, que a las 11 se duerme de parada sobre un algún patio eclipsado
Compone rutinas de cortesía y la enoja que lo establecido rija su vida.
No se da cuenta que apura la armonía, que todo en ella se inicia y termina antes.

29 abr 2008

De cómo los términos manejan a una sociedad

En el Asia Menor existió una ciudad -Deryoh- en la que se consideraba una ofensa mortal mostrar la cara.
Los habitantes se protegían de este pecado utilizando máscaras de lana. Nadie conocía el rostro de sus padres hasta llegado el momento de la muerte, ya que a los muertos no se les exigía prudencia moral. Con los esposos ocurría lo mismo. El otro era su voz o su mirada, por esta causa no conocieron el arte de pintura, salvo la paisajista
Los integrantes de este pueblo tenían concedido por su Dios: un cark, (el tiempo de duración de un bostezo realizado por el Sumo Sacerdote, pero dado que éste también ocultaba su rostro los historiadores creen que podrían durar entre 30 y 50 segundos) de esta manera sólo los recién nacidos contaban con ese lapso de tiempo para mostrar sus caras desnudas. Inmediatamente al nacimiento les era colocada la prenda protectora.
Algunos investigadores como J. Lemark aseguran que la causa de su desaparición como sociedad fuera este dogma ya que contribuyó a que el índice de natalidad fuera sumamente bajo.
Su economía fue netamente social ayudada porque sus rebaños aceptaban la conducción pastoril de cualquier ser humano, ya que todos eran parecidos.
Sin embargo, este pueblo se destacó con gran eficiencia en la creación de un lenguaje altamente complejo.
Cada palabra constaba de un grupo de voces que especificaban la sensación a demostrar. El sustantivo abstracto felicidad (ser´j) se decía je cuando requería un gesto de alegría, mejan cuando se decía en forma esperanzada, jervetojarse al nombrarla con melancolía, rostubaksi con indiferencia y grabjatianmak para reflejar tristeza.
Curiosamente, los vocablos que demostraban alegría eran monosílabos.
Los perezosos, los vagos, los agonizantes, los fatigados, poseían discursos más alegres, por el contrario los conspiradores y los filósofos tenían parlamentos especialmente dilatados en el tiempo y de esta manera aburrían a sus discípulos.
A partir del 1000 A.C. desaparecieron como sociedad, pero algunos investigadores aseguran que sólo modificaron sus códigos morales prefiriendo el tabú sexual.

20 abr 2008

A ninguno puede molestarle

Nos encontrábamos en noches frías, entre agosto y Piazzolla, y una luna medio forfai por el fumo que ascendía. A ninguno puede molestarle ese recuerdo.
Aún mantengo sueños que se hacen pasar por sueños y una desnudez que simula prudencia.
Hubo un día en que se desintegraron los lazos. No sé qué día, no sé qué lazos. Los nudos se desatan. Ocurre seguido. Si siguiéramos juntos seguro que iríamos al Bafici, o a San Telmo o Puerto Madero y que esperaríamos el 140 juntos para putear un largo rato mientras nos besamos a escatología pura. A nadie puede molestar ese recuerdo.
Si de besodolor fuera, otra hubieras sido. Ya no despena.
Ya no te quiero es cierto, pero tal vez te quiero.
Acaso capaces de ser otros y sin conservar síntomas de memoria me maravillarías siempre. Es atroz saber que no volveré a conocerte algún día, pero a ninguno puede molestarle.

8 ene 2008

Ta-Te-Tí

Yo no sé nadar y ella decía que aprendiera, que podía llegar a necesitarlo algún día, pero le quité importancia y como siempre salí con la mía. Eso no fue importante, solo una entre tantas otras cosas que agrandaron los desencuentros, que por fin hicieron que nos separáramos.
La separación no fue amistosa, el abogado de ella hizo un trabajo impecable, generando sospechas y armando falacias muy difíciles de contrarrestar. Mi abogado recién empezaba. El juez falló a favor de ella.
Me quedé sin nada, incluso el patrocinante de ella consiguió hacerle creer al juez que la vida de su representada corría peligro. Ella me miró en ese momento, como diciendo con sus ojitos tristes, que eran cosas que se le ocurrían a él. Lo cierto fue que el juez también dispuso que no debía estar a menos de 300 metros de distancia de ella.
Siempre nos movimos con inteligencia, pero un día, no. Me llamó y dijo:
-Che mirá que tengo que ir para el lado de Urquiza...
Yo soy de caráter débil y nunca puse reparos. No le discutía. Así que acepté y en lugar de ir para Chacarita o Caballito, se me dio por ir para Belgrano. Al rato me suena el celular
-Che, perdoname. Estoy tomando el 107. Me esperan en Juramento y Cuba.
Yo estaba en las Barrancas y me dieron ganas de pasear por Palermo y caminar por los bosques un rato. Terminé llegando hasta Av Sarmiento, para la Costanera, al rato:
- ¿A que no sabés quién viene de Córdoba? ¡Mi prima! . La paso a buscar por el aeroparque.
La prima era la única persona que me caía bien de la familia de ella. El día ya lo tenía perdido y decidí caminar por el espigón del Club de Pescadores. Por primera vez lo crucé todo y llegué hasta la punta.
Tan adentro, en el río, la ciudad se ve maravillosa, pero también veo venir a una mujer de blusita blanca, cruzando la avenida, que saca su celular para hacer una llamada...
Yo no sé nadar y ella decía que aprendiera...