Mostrando entradas con la etiqueta Pasillos de la Luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pasillos de la Luna. Mostrar todas las entradas

10 jun 2008

El vengador.

Esta luna no nos corresponde. Fue hecha para el puerto de Mahón o para las arenas del desierto de Mongolia, o la Isla de Baronof, vaya uno a saberlo...
Frente a mi sencilla casa se muestra ajena, orgullosa de sí misma, o indiferente, como una trabajadora del cielo que apura sus horas de faena para marchar, sin detenerse a ver cómo luce el cuerpo desnudo de Sabrina, a través de la ventana.
Ya sé, tal vez el miserable tren blanco que pasa todas las noches la asuste, o los empleados del banco venidos en trasnochadores, y que desarman la trama nocturna al salir de festejos oficinistas aumenten su pálida nausea. Pero eso no es justo. Las aguas de ningún río pertenecen a un lugar, eso se entiende, como se entiende que el viento no se acueste a dormir en la esquina de dos esquinas más allá. O que alguien elija estar en otro lugar y no en donde la esperan. Todo eso lo entiendo porque todo eso es cerca y en el cerca habita cierto fastidio, en cambio la luna está a miles de kilómetros y así y todo escapa.
Y aunque combine con la sonrisa de Carla o el pensamiento alucinado de Inés a ella no le importa saberlo y no repara en las cosas que me resultan bellas.
Por eso me siento en las escaleras que llevan a la terraza y mientras tomo vino (una copa, o dos, o tres) me preparo para mirarla fijo y hacerla sentir incómoda.

6 jun 2008

Polvo de luna

La débil membrana del olvido se ha rasgado y escapó tu magia. Me acorrala tu nombre y la noche se hace blanca.
Reclusa en otro tiempo, despertaste entre mis ropas como un sedimento salado, marino, como una pulpa ácida y roja que lamió mi sueño.
Si Hades buscara otro infierno perseguiría tu boca, y tu volverte de espaldas al fatigar las sábanas.
En cada gemido maduraste un veneno, un grillo, una luciérnaga mordida y su crujido de luces.
El plano sol de la mañana perdió su barco y aquí abajo me revuelco en tu ausencia. La melancolía me duele en el cuerpo como si fueras nube de sinmateria que me desgasta, como si fueras polvo errante que flota en mi mente hasta corroerla.
Y este goce tan doloroso al pensarte...
Ojalá vinieras a asesinarme