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19 ago 2008

Zaz turned faded

No le extrañaba acariciarle la espalda y no tocarle las alas (ella las replegaba para no mostrarse distinta a todas).
En esa blancacamamar, ella o él (se turnaban) eran el río que el otro navegaba hacia un océano oscuro. La profundidad inminente, riesgosa, el peligro de ahogarse y también la superficie del aire, pero ese fue un amor de seudónimos, urdido para engañar corazones .

La confusión nace por desconocer la cardiobiología metafísica.
Durante la lima de los agostos, como diría Luc, el corazón consternado se rebela y aumenta el volumen extendiéndose hasta provocar grietas en el tórax.
Es así que en su carrera descendente choca contra el diafragma primero, luego el estómago, y el páncreas cierra la maratón, pero hacia arriba encuentra el camino liberado si halla el esófago y luego la garganta (de ahí viene el famoso nudo)
En ese movimiento ciego y doloroso choca violentamente con la lengua y se funde en ella. Consolidando un solo músculo, un solo órgano.
El corazón no sabe hablar y la lengua no sabe sentir. Esto significa que no se entenderán y uno terminará diciendo muchas boludeces al intentar revelar sus acciones.
La mente trata de organizar el discurso pero termina neurótica y subordinada al nuevo poder cardiolingual.
El punto es que el nuevo órgano al no manejar el uso de las palabras no puede dar respuestas a cientos de preguntas. Entonces busca el camino hasta la memoria para borrar las cosas que dañaron y comenzar a creer en los placeres. Lo que pide es algo de alivio pero la repuesta la tiene el otro.
Entonces uno sube al colectivo, se va hasta el último asiento, se desploma y lo aplastan las penas hasta entrar en el torrente sanguíneo.
Buenos Aires, noche, gente, frío. “Si estuvieras acá conmigo sabrías de lo mal que me hace que no estés conmigo” En los colectivos, los boletos no incluyen suicidio, y por eso sabe que debe bajar.
Que sube al colectivo, que pide uno de 90 y que vuelve a casa. Que no hay nada para contar y poco donde morir…