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15 dic 2008

Tanta inútil piedra

El suelo les hace daño por eso eligieron vivir en el alambre, como barriletes con izquierdas y derechas que se mueven y cambian de dirección cuando apenas los toca el aire. Esa fuga afina con el silencio destilado en incertidumbres.
Las horas pasan y los días quedan colgados en las ramas del tiempo sin que alguien pueda bajarlos. Tanta pedrada inútil...

Se ha ocultado un soñador con el abrigo ruinoso de su sombra, ahorcado en el árbol distinto, y sus rocíos flotan abandonados sobre un Munch naif que busca otro color.
Cada una de las palabras ha sido un arpón que perdió su agudeza con el óxido, y así y todo, la búsqueda es la de nomorir. Zona oscura del paraíso. La perfección que amamantó a la muerte.
Como a las zapatillas, alguien anudó las lenguas de los poetas para mantenerlos sobre el cable telefónico, e indicar que a mitad de cuadra los verbos bajaron de precio.
En las vecindades juegan con vocablos creyendo que hablan.
Las artes se enriedan y el sol las deshilacha.

Tanta inútil piedra no descuelga lo contenido, aunque los gusanos empiezan su trabajo.

28 oct 2008

La hoguera

Por la tarde comienzan a aparecer todos los refugiados y los penitentes de la soledad. Llegan desde escondites extraños, con el propósito de ver el milagro, en realidad lo atractivo sería presenciar los dos fenómenos juntos, pero muy pocos se animan a enfrentarse al segundo. Muchos de los que hasta aquí llegan son desconocidos, vienen atraidos por las historias que se cuentan y desprecian el riesgo que corren.
La hoguera comienza a arder justo al mediodía y cuando el sol se pone, iniciamos el rito con maderas de mora.
El rumor de la tarde muriendo, atrae a los nigromantes que por poco ofrecen sus lecturas sórdidas, cada uno tiene un vaticinio rojo que a la luz de las llamas se hace más dramático.
Todo está por suceder y la inquietud agita los corazones de los participantes, alqunos querrán irse pero ya es tarde, ya se convirtieron en esclavos de su deseo.
A medida que el fuego crece el placer se confunde con la angustia y el temor. Se sienten vivos y en agonía, a la vez. Se sienten completos.
Empiezan a volar las primeras centellas, diminutas y frías aún, pero como una señal fatal. De pronto aparecen los rojizos enjambres de luz, destellos, fulgores, chispas que se convierten en mariposas enormes dispuestas a conquistar la primavera.
Los participantes huyen antes de que las mariposas se conviertan en huracanes violentos que los dejen sin vestidura, sin corazón, sin claridad.
Las luchas por escapar son atroces. se pisan, se aplastan, equivocan el camino, sufren la angustia mientras aumenta la esperanza en la fuga. Han visto el primer milagro y rehuyen al segundo, pero pocos logran partir del la escena. Las heridas son atroces, en la sangre dispersa por el laberinto hablan las miradas.
Mañana será otro día de otra vida.

7 oct 2008

Sin verbos

Ella navega mansamente por su silencio sin pensar en palabras que le anclen las derivas, lo sustantiva poniéndole sombras que lamen la distancia.
Estoy ahogado en este idioma y respiro las metáforas de su voz. Como un combate ausencia a ausencia sólo queda olvidarla y resignarme a que pendulen unos cuantos recuerdos, pero la memoria es una inútil que aumenta las heridas sin matarme.
No hay alcantarillas en el lenguaje. Debiera aspirarme yo mismo. Dejar la nariz de lado y colocarme sobre la mesa, ordenado, medio en líneas parejas y luego aspirarme. Una nariz sola puede salvarse.
Todo el sonido está en este océano y siempre será de agua el lazo de la horca.

Tironeo de la falda del espectro como si tener algo suyo me diera alivio (como si un abismo me aliviara) Ahora no entiende por qué muero ni por qué abro la mano para soltar su pollera. Tantas ampollas derriban el silencio pero nos veremos en una tarde fría al lado de la ventana, como fantasmas errantes por el laberinto.

Desde el alcázar se ve el silencio como un horizonte mudo, sin fallas, ni grietas, como una mentira sin pruebas.
Afuera están todos los verbos conocidos, todas las frases por las que enfrentaría al universo.

26 sept 2008

El discurso del desconocido

Míreme. Estoy en este país tan extraño que ni nombre tiene. No es la primera ni será la última vez que camine por estas calles, que aunque desconozca aún mantienen el eco de mis anteriores pasos.

Usted no entiende de lo que le hablo, ni siquiera sabe quien soy, pero aquí estamos, usted y yo. Para que aprenda a reconocerme le doy este dato; estoy perdido y asustado, y me da miedo que lo sepan, entonces fumo y me quedo en la esquina que me angustia, como si estuviera esperando a alguien. Esta ciudad derrama citas por sus ventanas, de manera simultánea. Todos tenemos algún compromiso a toda hora; con el analista, con la persona que aún no conocemos y se conecta a las 21 en punto, o con un amigo de un amigo de un conocido con quien se pueda llevar a cabo un proyecto. Algunos tienen que encontrarse con el riesgo, otros con el deseo de ser queridos. Esta ciudad es una calesita de citas previas y desencuentros, de vanas expectativas y estímulos involuntarios.

Eso que deseamos aquí no existe, no llega nunca. En las mañanas nos despierta el ruido de la escoba de una mujer baldeando un patio, o esa cosa gutural que hacen las palomas o las torcazas –vaya uno a saber- entonces nos despertamos de ningún sueño y en ningún despertar, porque todo es vigilia de ausencia que no se sabe a quién recuerda. Este país es trágico porque nos asegura seguir viviendo en la clandestinidad de nosotros mismos, porque esto también quiero que lo sepa: somos ajenos nuestros, y nuestro único vecino.

Aquí, con tijeras de alcohol nos podan la tristeza condenándonos a permanecer inestables y en estado de exploración permanente. Las lenguas son grises y las palabras nunca dan en el blanco, tan sólo se aproximan a tientas y algo queda dando vueltas sin definición, es curioso pero aquí arremete el abandono y la urgencia, y nuestra voz hace cucharita con el corazón.

El tiempo se estira y los espejos se arrugan, entonces, nadie se prepara para alguien. El dolor propio se agranda con la indiferencia ajena y en algún momento del día miramos de reojo el Potrero de los Solos para ver si está quien amamos

Aquí las uvas destilan fernet, y el palo santo pone sal en el aire de la espera.

10 sept 2008

Por decir algo...

Confesiones de un desterrado:
Soy un desterrado de Pásago, pero Pásago es infinita. No hay lugar fuera de ella, y permanezco en riesgo de ser ejecutado por no cumplir con el destino. Los acordes de su voz me alcanzan a todos lados donde voy.
Mis pasos responden al dolor de la distancia y quedan atrapados en un surco que continuamente profundizo y que no me permite correr en el llano. El alejamiento es imposible, ella –ya dije- es infinita, y también eterna.
Tan sólo tristeza nace entre los dos.

Instrucciones para sufrir un amor:
No lo dude, antes que nada debe pasar muchos años creyendo que el amor no existe. No alcanzarán ni uno, ni dos, ni tres años renegando del amor, deberán ser muchos porque sino todo podría considerarse una estrategia para convocarlo. Es menester para el caso que no sea absolutamente beligerante, apenas con decir: El amor no existe ya es suficiente. No tema, en casi todas las oportunidades que esté con una pareja la teoría quedará expuesta, y reafirmada. Actúe como si no lo sorprendiera y en verdad no lo sorprenderá. Todo pasa por saber que lo máximo a lo que uno puede aspirar es a estar de buen agrado con otra persona. Los matices de ese buen agrado son infinitos y su trama no debe ser asociada al amor.
En muchos casos podrá sostener la separación del Otro con mil motivos distintos, incluso en algunos casos sentirá dolor, desazón, tristeza, añoranza, pero siga su camino. Debe repetirse el amor no existe y el amor no lo molestará.
Nadie podrá rebatir sus argumentos necios y falaces, se limitarán a comentarle: yo lo siento y todos sabemos que esa premisa quita erudición a lo afirmado (en ese caso usted deberá pensar: vos porque sos un pelotudo)
Sabrá en un momento que su frase de cabecera (el amor no existe) es un talismán poderoso. Muchas personas querrán hacerle sentir amor y esa es la trampa del amor, en tales casos nada sucederá.
Pero tema, alármese, sostenga su fortaleza cuando alguien no le pida amor, tan solo su compañía. Tal vez esa persona llegue para enamorarlo, y puede estar en presencia de algo más desdichado que creer que el amor no existe.
Es posible que todos los antídotos intelectuales con los que se sostuvo durante 20 años se aplasten ante una imagen sencilla, si no me cree piense en esto:
¿Ha visto alguna vez a dos personas ancianas o a dos personas que no son lindas, para usted, mirarse amorosamente? ¿Se preguntó por qué se miran así? Pues, porque se ven lindos, y cuando ese lindo no tiene rigor estético ni cultural, estamos en presencia de un amor profundo.
Tenga cuidado. Si esa idea lo seduce puede estar preparado para sufrir un gran amor.

4 sept 2008

Fiesta

Esta noche habrá fiesta y cada uno entregará lo mejor de sí, incluso yo me sentiré el centro del encuentro.
Cada uno lucirá sus mejores esperanzas, los trashumantes nos ofrecerán los más dulces cansancios, lo bailarines y músicos actuarán felices, las estrellas nos harán creer en que algo más nos espera.
Las muchachas dirán que no las tomemos en serio cuando nieguen su amor y los viejos quemarán el escepticismo en las antorchas que iluminan el laberinto.
Por una vez todo será para nosotros y por nosotros, y no habrá ni ellos ni otros. El universo será este palmo de arena que los ingenieros han tejido para sofocarnos, pero al que le hemos dado vida.
Esta noche el vino llenara las copas y las bocas de los sedientos, y verán asarse la carne del toro, que los saciará de olvido (hasta el reencuentro en donde no recordarnos).

23 jul 2008

A poco después

El arrebol juega a la esgrima con las sombras. Sólo los tontos apuestan a la miel.
Es dulce creer en las hendijas de luz, pero el cielo está muerto de grietas. El gris de la explosión le pegó en la cara y repetirá soles tartamudos.
Brindis con tangonías diluidas entre uvas de alplax y un collar de caramelos mordidos, a medio amargor, para superar el peso de la sangre fatigada.
Sin las encrucijadas, las huellas se pierden y flotan invisibles en el espejismo.
Llegar vivo a la madrugada es cosa de valientes. La nariz se quema de tanto respirar y la mirada se enreda en los mapas fantasmas, que mienten la ubicación del tesoro

Ella tenía otra voz oculta en la mochila. A él le crecían dagas en la boca. No supieron otra cosa que mutar.
A cada morder, a cada gozar, a cada balbuceo, un terrón de opio para no ver los huecos del cielo. Hay que juntar el termo, las colchas, el mate, los naipes, y lo más que se pueda del mar. Nadie sabe cómo eclosionan las presencias.
Para no morirse del todo, habrá que caminar cerca un espectro de otro.

27 ene 2008

Gallito Ciego

A veces, no siempre, juego a adivinar la lluvia, si esas gotas que promete el cielo serán grandes, medianas o mera llovizna. Son esos juegos donde el resultado solamente verifica haber sido mágico en el pronóstico.
Recuerdo el juego del Gallito Ciego. No sé de dónde proviene su nombre, tal vez no lo sepa nadie, pero creo es el juego que se repite a través de las épocas personales. Algo parecido ocurre con el juego de Las Escondidas, pero éste es mucho más sencillo y evita complicaciones: yo me escondo, vos me encontrás y luego invertimos el rol. Hay permanencia en un espacio fijo y alternancia regulada.
El grado de complejidad en el Gallito Ciego en cambio, hace que deba adivinarse un lugar en el espacio y los posibles movimientos siguientes. Es decir en la Escondida hay un mínimo desplazamiento y lo ejecuta un solo actor, en el Gallito Ciego, la dinámica es múltiple.
Es menester para el desarrollo de este juego que el que no ocupe el rol de Gallito Ciego, sea arriesgado, de señales. No resulta placentero jugar con conservadores, ni que el rol del Gallo pernanezca en el tiempo, puesto que el ser humano no está preparado para vivir en constante corazonada sin resultados placenteros.
Es inevitable para mí asociar este juego a Carmencita. Carmencita tenía trenzas. Y amaba ese juego, sin embargo fiscalizaba la actitud del otro, y era común que en pleno desarrollo lo impugnara diciendo que había dejado de ser juego.
Ahora me doy cuenta que Carmencita, cometía el error más grave del juego, rompía ese mundo lúdico para analizar la actitud del otro. Ella dejaba de jugar, aunque creyera que era el otro.