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20 oct 2008

Vero, sum via et veritas et vita

...entonces miré a los costados y vi las paredes que aún mantenían algún adorno mustio y el mueble cargado de cosas inútiles, libros que jamás leerás y un radio despertador.
No nos conoce ese libro, ni el aire de este cuarto. No nos conoce la tenue luz de la lámpara , ni el humo plácido del Nag Champa, ni el sol de afuera, ni el jacarandá de la plaza, porque vivimos en otra muerte
No era yo quien ahí estaba y aunque mi vista tratara de demostrar lo contrario no hubo manera de convencerme. Vos regresaste y con una mano desataste tu pelo, entonces los anteojos convertían en algo renovado a tu cara, pero también siniestro, familiar y desconocido a la vez. Tenías el poder, pero no actuaba sobre mí, ni siquiera me aplastaba la fatiga de haber subido por la escalera.
Querías preguntar, saber de mis símbolos pero yo era mi símbolo, signo del noestar. El silencio me hace poderoso, y pensar que lo perdí en estos últimos tiempos (me lamenté)
Vos te mantenías a la espera, deseando que en mis huesos crecieran tus astillas hasta crucificarme.
La muerte es pequeña y suficiente, dije. Como aquellas noches en que se bebe poco, se ama callado y se parte desarmando el rompecabezas, y el silencio guardó luto, dije.
Esta escena fue profundamente sórdida. Yo no era aunque me escucharas, aunque el placer se intuía por detrás del armazón de tus anteojos y la profundidad más oscura de tu piel, yo no estaba allí y no podría afirmar que vos sí lo estuvieras.
Decir que estaban tus lentes no es decir que vos estabas. Esos fantasmas nuestros se nutrieron de ficción sin saber, entonces fuimos el lenguaje aparente de los secretos abiertos.

8 jul 2008

Humo

Nací en esta isla y nunca salí de ella. Está ubicada a tres días del continente. Es apenas una colonia de pescadores y algunos comerciantes de lana. Tiene su faro y tenía sus botes. Ciento setenta y ocho personas exactamente, antes de que el asesino comenzara su ataque.
Todo comenzó en una noche serena de invierno. Las barcas se perdieron, algunas quedaron hundidas cerca de la costa, otras solamente desaparecieron. No supimos qué pudo haber pasado con ellas. 
En la mañana todo el pueblo salió buscarlas, pero sólo vimos restos inservibles.
Por la tarde, en medio de la tarea, encontramos cinco cadáveres. La familia Nourto había sido asesinada.
La aldea es un lugar sencillo y pacífico, los únicos que tienen armas son los dos del destacamento policial, Soria y Mehesi, pero ellos no fueron. Antes del anochecer los encontramos destripados en la playa.
Somos tan elementales que ni supimos de quién sospechar, pero alguien había sido.
La siguiente víctima fue Alfredo Mendía, el farero, que cayó o fue empujado desde las ventanas más altas del faro. Antes de transcurrida la primer semana, 65 personas habían sido asesinadas.
En la semana siguiente, no ocurrieron más muertes. Todos estábamos temerosos de salir, y habíamos organizado una patrulla, yo no formé parte de ella, y creímos que la situación estaba controlada aunque el asesino no fuera descubierto.
A la semana siguiente, otras cuarenta personas murieron. Algunos asesindos a golpes, otros apuñalados y unos pocos por dormir con el bracero y las puertas y ventanas tapiadas, a causa del miedo. Dos matrimonios se suicidaron atacados por el pánico.
Entre los ciento nueve vecinos muertos figuraba gente de todas las edades, viejos y jóvenes, débiles y fuertes, hombres y mujeres.
Las sesenta y nueve que quedamos con vida nos agrupamos en la Iglesia. Llevamos remos, palos y todo lo que pudiera representar un arma que nos ayudara. No hubo caso. en diez días sesenta y siete fueron masacrados. Solo quedamos Ballester y yo. Hace dos horas salí a buscarlo porque no sabía de él y me topé con su cadáver cerca del corral de ovejas. Regresé corriendo a la Iglesia. Entré, trabé las puertas y me escondí en la sacristía, ahora noto que del cenicero emerge el humo de un cigarrillo mal apagado.

27 abr 2008

Perdido

La brújula se deshizo. Perdido en los pasillos, mi mundo es una repetición múltiple. Nadie responde al pedido de socorro y aunque lo hicieran no podría entenderles, La sangre que he perdido se llevó mi entendimiento. Mis dientes se muerden entre sí sintiéndose solos.
Nadie escucha mis fauces rechinar. Es un sonido inquietante como el murmullo de una colonia de hormigas en las plantas del pie.
No entré en esta casa. Soy otro y no puedo hallarme ¿Quién usa mi voz para llamarme? La reconozco porque al chocar contra los muros repite su nombre para nombrarme.
Creo que alguien confundió los destinos, y cambió mis piernas y manos por las de un distinto.

Y este abandono tal vez sea la libertad miserable de un hombre que no fue preparado para esto.

22 ene 2008

Alas

Perderte no es tan doloroso como no haberte aliviado.
Tu vuelo es un naufragio que atraviesa puertas ocultas en el aire.
No alcancé a decirte la otra noche, mientras escapabas por la ventana, que no hay cerraduras en el viento, que vueles por donde vueles nadie escapa en el cielo.
Sé, aunque digas lo contrario que te seguiré viendo, pero no alzo la mirada para que no contravenir tu ilusión y permitir que sea cierta.
Aprenderé a nombrarte en silencio y acallar los murmullos que inauguraste. A extrañarte de 23 a 2 de la mañana, que es la hora en que mi esperanza niega el insomnio.
Los lunes mis palabras frecuentan la soledad de la semana, preparándome a que te fugues con mi deseo de fugar.
Quedan: arrugados pisos, empapada luna, y la noche oscura, llamándote.