1 sept 2008

Final de Juego / Inicio de Partida

Como un enigma polvoriento vio la última baraja que le repartieron: el cuatro de melatonina.
El arcano misterioso está en los dedos descompañados y asolitarizados.
"No deben caer todas las palabras, las letras son polvo pasado y se desmoldan", se dijo, pero la nausea lo empujó afuera de la silla.
Los invisibles lo miraban en silencio, esperaban su reacción para decidir el estrecho color de las nuevas uvas.
"Debería quitar la sangre que sale de mi nariz" se dijo (y se lo repitió en voz baja para no hacerse caso).
Colocó el cuatro de melatonina en la manga, se esfumaron las fichas de su apuesta y se fue.

El camino era como una sardina infinita tan sensible que mientras él lo andaba, las escamas de asfalto le tallaban poemas en la suela.
La única nube (como si fuera la primer página de Crónica) decía: "tan desacralizado como una carta caída en la banquina". Guardó esas letras, sabía que las necesitaría para cuando tuviera sed.
Ya con la tardenoche invadiendo el universo, buscó un árbol desde donde vigilar. Tardó horas en encontrarlo. El olor a caracoles secretos lo impulsaba hacia adelante.
A medianoche se trepó al único arbusto que encontró y buscó en la planicie una mancha de fuego o de luz artificial. No la había, todo era negro, entonces sacó el cuatro de melatonina de su manga y simuló verlo como si fuera una fotografía de toda su vida, después intentó tranquilizarse, supo que los piratas estaban lejos y no lo quemarían esa noche, pero no pudo dormir, los invisibles habían atado sus párpados con cuerdas de cebolla.
Mientras tanto, unas cosas sobrehumanas estallaban contra el pavimento y expandían uñas apuntando a la debilidad.
Desde las banquinas negras llegaban los ausentes. Humectaban el aire con retornos desfigurados. Vanamente se repartió sus mejores recuerdos antes de que se los robaran. Cruzado el umbral de la evocación supo que la memoria lo iba a traicionar. Ser inteligente es ser cruel, o con uno mismo, o con el otro... se dijo y guardó todas las letras.
El tiempo era un pájaro muerto que dormía junto a él.

No hay velas a la hora del infierno, ni ojos que hagan tablas. A esta herida nadie le hace el repulgue porque a la muerte le resulta fácil disfrazarse de relleno, desde chica lo viene haciendo, pero a uno la cosa se le complica, el relleno está siempre unos pasos afuera.

27 ago 2008

Tres Cuentitos Tontos

Cuento Uno:
Hubo un momento en que H, G y C eran amigos, muy amigos. H estaba soltero y los otros dos, no. Un día la esposa de G se enamoró de H. y decidieron vivir juntos. Lo echaron a G. Desde luego G y C dejaron de verlo a H y el tiempo pasó consolidando la amistad de G y C.
Después de varios años G ya tenía nueva pareja y el matrimonio de C estaba roto. C conoció a una mujer y comenzó a rehacer su vida (un poco), pero después de un tiempo se dió cuenta de que estaba siendo engañado. La mujer se había enamorado de otro. Ese otro era H que sin conexión ninguna en diez años repetía la historia.  Hoy G y C no se ven más. H murió hace 4 años y las dos mujeres andá a saber...

Cuento Dos:
Caminado por la avenida Dorrego es señor C ve a una mujer a la que no pudo dejar de mirar. Ella tenía gorrito marrón, un tapado negro y una bolsita de Coto (en realidad era un sobrerito pero el señor C no quiere relacionarla con el tango Maria) A unos diez metros se dieron cuenta de que no quitaban la mirada del otro. El señor C dejó que pasara a su lado -nunca dijo piropos en la vía pública- sin embargo segundos después del cruce al señor C se le escapó un melancólico "pará" Se dio vuelta para comprobar que nadie había oido la súplica, pero ella, estaba ahí, detenida a un metro y medio de él, esperando.
Es señor C no supo qué decir y como suele ocurrir en la falta de creatividad dijo: "¿Cómo te llamás?" "M.A." respondió ella y automáticamente se cerró el diálogo. El señor C apenas sonrió. Supo que debía huir, pero no podía dejar de mirarla a los ojos, entonces dijo con naturalidad: "quería saber a quien nombraba cuando llamaba a otras" Ella sonrió. Él supo que el encuentro había finalizado y se despidió: "ojalá, nos volvamos a ver" Se dió media vuelta y se fue.
Entonces escuchó: "pará" Se detuvo.  "Yo quería saber si te gusta más él café o el cortado, pero dejá en todo caso otro día" El señor C. intuyó que todo dependía de ese instante y le dió su número de telefono. Sólo de quererlo ella se encontrarían. Se fueron. Era miércoles y hacía mucho frio.

El viernes lo llamó al señor C la muchacha M.A. y decidieron tomar un café.
Ella le contó que el lunes próximo se iba a vivir a Madrid y que por eso no quería historia con nadie. Ya se había despedido de sus amigos y familiares. Ni siquiera los quería en el Aeropuerto pero no pudo negarse a tomar un café con él.
Desde ese momento hasta el lunes a la mañana -cuando llegó el remisse que la llevaría a Ezeiza- estuvieron juntos. Ya en el auto ella le dijo "tomá esta carta. Abrila solamente si estás en el Aeropuerto de Barajas. Tiene mi dirección y el número de teléfono" Se besaron. Se fueron.
El señor C. nunca fue al Aeropuerto de Barajas. Nunca abrió la carta. La guardó.

Cuento Tres:
El señor C. tiene una posibilidad traumática que le causa gracia, tal vez algo de temor.

a) Hace muchos años el señor C. de metejoneó con la señorita M (Marcela) pero al tiempo, ella se fue a vivir a Estados Unios para estudiar Oceanografía en la Universidad de Florida. Mucho después trabajó en la Fundación Jacques Cousteau 

b) Hace varios años conoció a la señorita M.A. (señalada en el cuentito anterior) y ella se fue a vivir a España.

c) Cuando se enganchó con M (Maia) una chica romana con hermosos rasgos orientales (padre japonés) que vivió mucho tiempo en Madrid y trabajaba para una revista de esa ciudad, la enviaron a México.

d) El señor C. no recuerda si fue el tercer o cuarto caso, pero salió con M (Mariana) una de las primeras en hacer de estatua viviente en Buenos Aires (hacía de estatua tan bien, que frente a la Iglesia Redonda de Belgrano, más de una vieja le rezó) El romance terminó cuando ella se fue a vivir a Granada.

Aparentemente la Letra C y la letra M no son compatibles, sin embargo, quien siempre se le va al señor C. no es sólo M. sino el apócope de mamá. 

Nota: Siempre le pidieron al señor C. que escribiera estos acontecimientos extraños, pero nunca supo cómo, por eso me dió el encargue. 

25 ago 2008

La Sultana

En su epitafio dirá que fue la constructora de Alfa y Omega. Que los enigmas del egoismo le sepultaban las alas. Iniciaba y concluía.
El capricho es la brújula que usa para cruzar la fatiga de la confusión y el desorden. En su cintura lleva el cimitarra de la esperanza y el puñal misericorde. Teme a la decepción y no deja testigos. Elige en dónde sentirse vulnerable para sentirse segura.
Guía las caravanas en el desierto y cuando halla un dátil lo muerde y sonríe. A nadie le gusta verla llorar, pero ella conoce el secreto de los oasis del adiós y sus sicarios.
La atrae fugarse entre los peligros del perderse, porque le hace sentir miedo y poder. Carga con un remolino de espejismos que la azotan.
En su manual anotó con letra firme que los constructores no deben arrepentirse y la grosería es el imán para seguir al destino.
En la aridez oscura deja los cadáveres de la caravana hasta que se hundan perdiendo los rasgos, erosionados por el polvo, secos.
La Sultana es la vela encendida y el pabilo hecho de viento que la apaga desde adentro. La sultana se alimenta de sus órdenes y la observación de los solitarios. Descansa en algunas ciudades pero para tomar provisiones y marcharse.
Esto la tranquiliza.

21 ago 2008

Yo sé

Yo sé que las máquinas quedaran abandonadas en la playas de estacionamiento porque las fábricas se convertirán en llanuras asfálticas, y que las bolsitas de nylon saltarán de las puerta entreabierta que el polvo impide cerrar hasta las señales ya despintadas y sin banderas reconocibles.Esas máquinas suciamente verdes de tan grises serán las huellas de los hombres que ya no estemos.
Yo sé que un día el aire entrará viscoso y frío entre las plumas de los pájaros que caminen melancólicamente picoteando hilachascadáveres en los cementerios desordenadas, y su mudez rebote contra el hormigón desarmado de la ciudad.
Yo sé que el cielo no variará, que todas las distancias serán iguales y no habrá puntos de salida y puntos de llegada.
Yo sé que las serpientes serán transparentes y fáciles de detectar enrolladas en los caños oxidados de las calesitas ya sin caballos de madera, ni carros, sólo con el sonido de engranajes oxidados que mueve el viento.
Yo sé de las rutas perderán la prolijidad, agrietadas por las últimas semillas de cardo para nacer negras y secas antes de dar su última flor. y que miles de botas embarradas y sangrientas, en las banquinas, nos hablarán de su intento de huida, y que en algún lugar algo hará un ruido como de chispas o de agonía. 

Yo sé que ya no estaré para ese momento. Sé que vos ya no estarás en ese momento, pero sé que mucho antes de nuestras muertes, yo habré ido por vos y vos habrás venido con agrado.

19 ago 2008

Zaz turned faded

No le extrañaba acariciarle la espalda y no tocarle las alas (ella las replegaba para no mostrarse distinta a todas).
En esa blancacamamar, ella o él (se turnaban) eran el río que el otro navegaba hacia un océano oscuro. La profundidad inminente, riesgosa, el peligro de ahogarse y también la superficie del aire, pero ese fue un amor de seudónimos, urdido para engañar corazones .

La confusión nace por desconocer la cardiobiología metafísica.
Durante la lima de los agostos, como diría Luc, el corazón consternado se rebela y aumenta el volumen extendiéndose hasta provocar grietas en el tórax.
Es así que en su carrera descendente choca contra el diafragma primero, luego el estómago, y el páncreas cierra la maratón, pero hacia arriba encuentra el camino liberado si halla el esófago y luego la garganta (de ahí viene el famoso nudo)
En ese movimiento ciego y doloroso choca violentamente con la lengua y se funde en ella. Consolidando un solo músculo, un solo órgano.
El corazón no sabe hablar y la lengua no sabe sentir. Esto significa que no se entenderán y uno terminará diciendo muchas boludeces al intentar revelar sus acciones.
La mente trata de organizar el discurso pero termina neurótica y subordinada al nuevo poder cardiolingual.
El punto es que el nuevo órgano al no manejar el uso de las palabras no puede dar respuestas a cientos de preguntas. Entonces busca el camino hasta la memoria para borrar las cosas que dañaron y comenzar a creer en los placeres. Lo que pide es algo de alivio pero la repuesta la tiene el otro.
Entonces uno sube al colectivo, se va hasta el último asiento, se desploma y lo aplastan las penas hasta entrar en el torrente sanguíneo.
Buenos Aires, noche, gente, frío. “Si estuvieras acá conmigo sabrías de lo mal que me hace que no estés conmigo” En los colectivos, los boletos no incluyen suicidio, y por eso sabe que debe bajar.
Que sube al colectivo, que pide uno de 90 y que vuelve a casa. Que no hay nada para contar y poco donde morir…

16 ago 2008

Párpados

El infeliz, lo es mucho más al esperar un alivio mínimo. Siente crecer a cada instante la desdicha porque ni siquiera lo normal le sucede.
Utiliza la inmovilidad como talismán. Permanece acurrucado. Busca relajarse y trata de no pensar, pero es inútil. Como si fuera una encomienda extraviada en un casillero ajeno, el sueño no se hace presente.
Siente fracaso y sequedad en la boca, pero no quiere levantarse pues se podría despabilar para el resto de su vida.
Entonces cambia a otra postura más estirada, boca arriba, para luego modificarla en un ciclo de idas y vueltas que no provocan alivio más allá de unos segundos.
¿Cómo llegará la mañana? piensa. Luego piensa que no habrá mañana o que sufre una maldición. Más tarde asumirá que murió pero que sigue despierto y entonces ya no importa si habrá mañana.
Al sentir impotencia se animará a ir hasta el baño, sabe que sentirá frío y será una adversidad para el descanso. Lo acompañan la tos y el mal humor (que al regreso se convertirá nuevamente en angustia)
¿Cómo es eso de estar muerto y poder pillar, estar muerto y sentir angustia?
Guarda esperanza en el retorno al calor de la frazada, lo aliviará, piensa, lo cuidara se dice, lo acunará, desea. Son engaños tramados por su mente que no deja de acosarlo. La angustia se hace insostenible y la tristeza también. Está expuesto a lo que no debiera ocurrir pero ocurre sin piedad.
Dicen que un momento antes de morir, toda la vida pasa frente a los ojos de uno, en cambio en esta situación, un momento se detiene frente a los ojos de uno como para toda la vida, y se repite sin necesidad. La pesadilla ingresó a la vigilia, y ahora ocupa todo el cuarto.
La oscuridad de la escena desarticula la importancia de los párpados. No importa que estén cerrados o abiertos. Sólo importan sus preocupaciones, sus caminos trabados, su no trabajo, su frustración, su aislamiento, su ajenidad, su exclusión, su reemplazo, su materia disolviéndose en el tiempo y en el tedio. Pronto llegará la señal de no soportar más, entonces se levantará, tomará ese revolver barato, lo pondrá en su boca y disparará. A la mañana siguiente alguien al encontrar el cadáver, con gentileza cerrará los párpados que el horror mantiene abiertos.

12 ago 2008

Verbos mudos

Son como las tres de la mañana. Tomo mate. Escucho la música de Blade Runner.
Este es mi lugar. Los que me conocen saben que malduermo, y tal vez me sospechan pájaro detenido detrás de esta ventana desde la que sólo veo el edificio de al lado, que está pegado a mis ojos, ligado a mi ahogo (aunque sea invierno).
Esas ventanas multiplican la oscuridad haciéndola más inquietante. Unas pocas manchas de luz que refleja mi heroico velador sobre los tabiques y paredes de los vecinos alcanzan para saber hasta donde llega el aire.
No pienso en nada, es decir no tengo nada que sentir, apenas las fragancias del Nag Champa que me dan una compañía etérea e invisible. Fumo.

Vos no estás mirando, no podrías hacerlo. Así quisieras no lo lograrías. Nadie puede hacerlo, pero yo te miro y entonces sin pensar en nada, sin querer sentir nada me abruman esos tumultos de verbos sin coraje ni explicación, como enjambres de mosquitas sobre el pasto recién cortado, y te siento.
No sé el por qué, pero cada palabra pierde sentido y te vas transformando en la vibración de un gongyo que flota por sobre mi entendimiento, sin forma y sin noticia. Sin pronunciación. Fascinante y cerca, pero también, como un cuerpo que busca más allá.

Abro la ventana. Abro un poco más la ventana para que entre más noche y más silencio y entonces recapacito e intento dejar de pensarte y al mover las sábanas creyendo que puedo dormir me aparece esa tragedia, tu ropa blanca, que al quitarla me confiaba tus sentimientos y quisiera fundir mi piel en tu distancia desgarrándola en presente húmedo hasta revivir que tu humedad es más que la humedad y ese perfume tan íntimo que ahora es una carta olvidada en mí. Y entonces, me vuelvo la mirada para dibujarme las nadas que te tengo y comerlas y besarlas y devorarlas hasta reconocer que no hay verbo más allá de tu cuerpo.

10 ago 2008

Criminal

Lo deseaba tanto como yo
Los cuatro golpes certeros igual que balas, ingresaron en su pecho.
El hierro de la barreta rompió el esternón y ya no pudo hacer nada más que observarme con cara de estúpido que perdona, .
Pensé que lo vería sorprendido o asustado, pero me dí cuenta de que me estuvo esperando. el también sabía de esto.
Miré fijamente la herida sangrante cuando el hierro penetró por quinta vez en el cuerpo, apenas frenado por el crepitar de los huesos. Al ingresar rozó el corazón, entonces dejé a un lado la barreta y comencé a escarbar con mis manos. Nunca, como en ese momento, las imaginé tan pesadas y profundas, amarillentas acaso.
El corazón apenas latía, y las mejillas tomaban el color lívido de la harina de trigo. Un golpe. Otro golpe. Supe que no quería hacerle el daño que le provocaba, pero alguien debía hacerlo y él mismo no podía. Quité mis dedos del cuerpo para lamerlos, pero no sentí el sabor, apenas percibí la temperatura. Me miró desde la lejanía de los agonizantes. Me miró y supe que agradecía a pesar del dolor inmenso.
Piadosamente su corazón confundido se resistía a callar, no quería ser espiado al dejar la vida. Le consedí unos instantes, miré hacia un rincón mientras colocaba de nuevo la mano en mi boca para saborear el sinsabor de la muerte y cuando regresé la vista hacia él, ya habían iniciado el destierro. Con un cortapapeles intenté separar las fibras del corazón.
Abrí y desuní como si fuera un cirujano.
Ingresé a su profundidad ahora que ya no había resistencia. Cuando al fin pude desgarrarlo dejé el cortapapeles a un costado y con la yema de mis dedos penetré sus secretos. Separé la esfera casi negra y como si se tratara de una copa de vino se derramó el contenido en mis manos. Mordido por mis uñas me salpicó el cuerpo, entonces, de un tirón salvaje logré arrancar el corazón.
Ni siquiera se me cruzó la idea de lavarlo, porque eso sería una blasfemia, un acto litúrgico de humillación.
De rodillas aún, al lado del cadáver, comencé la búsqueda de los secretos más íntimos. Escurrí la sangre, ya fría, para hallar los nombres escritos en su interior y espantarlos como a palomas, haciendo que se fugaran para perderse en las calles, hacia a otro hospedaje, pero no los hallé. No estaban escritos en la carne. Las letras que talló Eros eran más sutiles que lo esperado.
No sentí asco ni miedo sólo ansiedad y un poco de vértigo. El olor de la sangre me atrapaba dulcemente al adherirse a mí.
Corté las venas intentando descifrar el torrente de los deseos.
Los ruidos de la tarde entraban por la ventana abierta, los colectivos, las voces que pertenecían a un diálogo gritado entre dos adolescentes, una sirena lejana... todos seguían en su vida mientras ignoraban que se había asesinado a un hombre.
Comencé a golpear el cráneo contra el piso hasta fracturarlo. Las astillas de los huesos no saltaban, quedaban pegadas a los fluidos y a la alfombra. Tampoco hallé lo buscado. Allí no había fotos. Los leves tesoros ya no existían, o se los había llevado con él.

Me senté en el piso al lado de mi propio cadáver hasta ahogarme en la sinrazón y encontrar alivio. Nuevamente olía a fresco, a inocencia. Miré hacia mi antigua morada, el espejo, y supe que jamás regresaría a vivir en la celda de silicio y plata.
Ahora, creyendo no contener más nombres ni imágenes, coloqué sobre mis hombros el cuerpo muerto, caminé hacia la calle para tomar un café y acaso ver si se podía vivir de nuevo.

8 ago 2008

Talismán

El único talismán fue tu sonrisa
Te prometí -en voz baja- los sueños más azules de las morochas horas, y para no equivocarme fui colgando en el alambre del lavadero cada uno de los pasillos que supe no me acercarían a vos. No pude descubrirlos todos.
Esta tendencia a lavar pasados y hacerlos olvido me hace sentir afuera del laberinto, pero la geometría no se desvanece con las intenciones

Los mortales temerosos de la suerte
embarcados en sueños a la deriva
transitamos sin encontrar la salida
del oscuro laberinto de la muerte.
Endiablada condena que nos envuelve,
(perseguir los silencios de las lejanas
lunas). Entreviendo suceder mañanas
Como dolor que parte y dolor que vuelve.

Cercados por palabras que nos aislan
las circulares paredes suceden.
El laberinto de tiempo procede
a construir sus vanas utopías.
Una mitología de ilusiones
deslumbra el suceso y genera
la esquina donde el Tedio, espera
de un salto devorar las emociones
El Destino goza al desafiarnos,
rige al Azar, para enfrentarnos
con el coraje y con la tristeza.
Secretas leyes de un perverso torneo
Espían los pasos y los deseos
matándolos con premura y certeza.

7 ago 2008

Misceláneas 7

1) Ella no quiere nada con él. él no puede esperar nada de ella
Ojo, siguen complementándose

2) Escuchado en la calle de una chica glam a otra
"Al principio no comía y me dolía la panza, después, al día sin comer me dolía la cabeza, pero ahora me acostumbré y estoy dos días sin comer y no me duele nada"
Ojo, el muerto es el último en enterarse sobre su estado de salud

3) Mirá te paso esta dirección para que vayas. Es un concurso de novelas, igual no te hagas ilusiones
Ojo, ¿aceptar desafíos no requiere esperanza?

4)
Ojo, a veces el silencio es lo mejor

5) Ella dice que lo extraña, pero no quiere verlo. Él dice que la cuida, pero luego la hace llorar. Ambos dicen que se quieren, pero alternativamente se apuñalan.
Ojo, Tinelli debe estar preparando un programa de cámaras sorpresa y jodas re pesadas.

6) Si algún director de cine decidiera hacer una película sobre mi vida, el musicalizador tendría el trabajo más fácil, usaría la música del final de Esperando la Carroza.
Ojo, si hace un docomental corto con la cortina de Los Tres Chiflados ya está bien

7) Sería bueno que alguien nos pasara un fondo musical ante cada situación que vivimos. Sabríamos qué cara poner y no tendríamos que experimentar tantos sentimientos.
Ojo, me parece que hay un sentimentalizador que nos jode aunque estemos en silencio.

8) Si estuviera al lado tuyo te devoraría, como solamente puedo extrañarte, me devoro.
Ojo, me estoy pareciendo a José Narosky, ¡utamadre!

9) Ojo, a veces es bueno no ocultar todo, pero ¿qué seleccionamos para decir?
A veces lo bueno es no resignificar y tomar las cosas como son dichas

10) Cuando quise cerrar el blog, tuve 20 comentarios, al continuarlo tuve 2
Ojo, estaban más cansados que yo (siempre pasa)


5 ago 2008

La Astróloga

Aquí había sido primero la seguridad del no. El métodico destello de la inseguridad y mi timidez. La vaguedad de creer que lo feliz debe ser triste. El juego montado en la indiferencia y lo previsible: Esa mujer no me mirará... Esa otra reirá de compromiso... Ese mozo no verá mis indicaciones para traerme la cuenta... Esa avenida dejará de llamarse Julieta para cambiar su nombre por el de la Astróloga...
De alguna manera manteniendo la misma rutina, las cosas se transformaron en otras. Se desbordó en nuestro placer el zumo amable de lo distinto. Todo se hizo de otra cosa sin darme cuenta de lo diferente.
Acaso la embriaguez taciturna de la Astróloga hiciera que mis dogmas se profanaran con el perfume de sus sahumerios hasta el rito de blasfemar la mirada y el labio partido.
No convivíamos, pero el baile daba comienzo sin alterar lo estático. Una antagonía amorosa para no ser devorados. En nuestro vocabulario no existía la palabra: amor. Éramos dos juguetes que se jugaban mutuamente.
La magia permanecía en algún lugar entre la ventana y el orgasmo, sin embargo, nos comportábamos amablemente incompatibles, pero cercanos.La Astróloga se esmera en el orden. Acuña el arcano de hallar mis astros, yo en tanto, me disciplino involuntariamente en acciones de encubrimiento, pero ninguno triunfaba sobre el otro porque imperó la sensualidad de ser el otro, el buscado, el temido, el que podía hacernos daño y nos aliviaba.Escuchábamos música mientras nos miramos para confirmar que el otro era un cine, una ficción que se desarrollaba frente nuestro y nos elegía.Ella hacía el café, ponía la mesa, acercaba el desayuno, untaba queso en el pan y yo la disfrutaba con pudor. La Belleza no puede ser tan simple que pase delante mío sin cegarme, me repetía yo mismo. Nunca seré tan ella, me decía, y me consternaba pensar eso y darme cuenta que sus maravillas no eran conocidas por el resto del mundo, y a la vez me sentía orgulloso de ser yo quien la viera así aunque no encontrara motivo porque en nuestro vocabulario no existía la palabra: amor Después, mientras volvía a mi casa en Estambul o en Lyon y el diccionario se dormía contra la ventanilla del colectivo, sentía que había amado. Pero la felicidad debe ser triste, repetía con beligerancia mi último credo hasta convencerme de que eso no era amor.Llegó el momento en que la Astróloga se desmayó. Una mitología de angustias y mares oscuros asedió mis pasillos. La perfección de la tormenta golpeó mis ojos con miedos seculares, agrietó los sedimentos del corazón y aparecieron los gajos tiernos que ella había plantado. Tan asombrosos como las lágrimas bajo la lluvia.No te pierdas, le decía asustado, no te pierdas en el desmayo y ella me miraba y no entendía que yo había encontrado las flores. En nuestro vocabulario no existía la palabra: amor, y nadie creía que yo pudiera dejar de ser amante para ser enamorado.Cada palabra era aceite que nos impregnó de sensualidad. Pero no bastó y esa maldición castellana, de poder estar sin ser, secó el húmedo pliegue del amor.

30 jul 2008

Pasillo de salida

Si por algún motivo arbitrario y superfluo llegaste hasta aquí, fue en vano.
No sé escribir, pero tengo la fortuna de reconocer que lo hago mal.
Así que... bueno, tal vez nos veamos en otro lugar algún día.
Ahora, andate a buscar espacios menos inhóspitos y fríos que este blog.
Aquí, solo un galpón de silencios y olvidos.
Cualquier voz en intento, chocará contra los muros


El destino es implacable y lo que se mostraba sólido apenas fue un desafío para el tiempo.
Todo acaba o al menos todo cambia hasta desgranarse en lo virtual y en lo real (si es que no no son dos caras de lo mismo) Es hora de seguir a muchos comentaristas que me precedieron en la salida.
Digo que este blog llega a su fin. No tengo nada más para escribir. Desde hace tiempo, cada día fue borrado un post y ese vacío se acerca. Debo dar gracias por el instante que me dedicaron y les aseguro que yo también dediqué mi tiempo a ustedes.
Me duele mucho cerrarlo aunque ha perdido la razón de ser.
Pero he dejado los dogmas hace tiempo, no me crean demasiado. No es que mienta sino que lo definitivo y el arrepentimiento, forman parte de mí

28 jul 2008

Asterion

Demasiado vulnerable para permanecer afuera de mí, busco abrigo entre la tibieza de mi carne y el olvido de la Historia.
Aquí no hay sol ni actos ajenos que me hagan daño. Aquí no espero llamados telefónicos que no ocurren, ni me ilusiono creyendo escuchar palabras no pronunciadas. Aquí las acciones son mínimas y tristes, pero dulces. No tengo que dormir, no tengo que comer, la única obligacion es el encierro. Claro, pierdo cosas, pero también las perdí cuando las tuve.
Ante mi sangre no aparece el reflejo de mi cuerpo. No saber quien soy me quita peso.
No tengo definiciones que defender, ni histéricas esperanzas que me lleven al fracaso y la humillación.
Solo aparecen quemaduras provocadas por haber visitado la Belleza. La Belleza quema, denigra lo sucedido anteriormente, y luego se va dejando el alma en llamas.
Desnudo de todo juicio, lamo esas cenizas para borrarlas.
El precio es el silencio y también es la meta. No existen lágrimas porque aquí nada es medido con el tiempo.
Las dagas de la clepsidra y los horizontes, no tienen ingreso.
Afuera, los amores polinizan al sufrimiento. Afuera, todo muerte, acordes del no, melodías de lo efímero, pero hasta aquí no llega el ruido de la muerte limando los barrotes conque Amor intenta protegernos.
Aquí vivir es un sueño sin imágenes.

26 jul 2008

En otro orden de cosas

Te amé de a pedazos y con mi típica vergüenza disfrazada de silencio (por eso no la conociste), así tus misterios me devoraban y no tendrían fin, pero nunca hubo lugar para un adulto en este montón de vejez.
Te amé de manera infantil, sin saturarme. Corriendo por tus pasillos y frenando caprichosamente. Amarte por entero, de los pies a los cabellos, es una idealización burguesa. Yo prefería lamer tu codo y que me intrigara el oído para después morir en el misterio del oído en víspera de tu pierna izquierda. Y quitar las lagañas de tus lunas rosadas, pacientemente, sin saber nada de vos más que rumores de placer y eternidad.
Te amé nacido en la muerte al desprenderme de mí para gobernar por vos, tu cuerpo y tu tristeza. El arte de la adivinación y la magia te construyeron Ella.
Ella, la que ya no está, la que se ha ido con el universo en donde abrigaba mi deseo y mi pensamiento.

Este laberinto y su huésped -que yo creía construcciones ajenas- eran reflejos de mi mente y su monstruo, engaños de un misericorde espejo para no mostrar el horror. Saber esto es el último paso antes del exilio.

25 jul 2008

Ellasdos

Esas tetas me hablaban. No les importaba la mordaza del corpiño, ni el sweter, ni siquiera el tapado o la campera. Ellas me hablaban, y lo que es peor, canchereaban.
A veces, salíamos con Lorena a caminar o a tomar un café y ellas me provocaban. Me distraían No podían permanecer calladas.
Yo intentaba ponerme serio y mantener la conversación con Lore, decirle cosas como: "En esta vida hay que ser muy precavido" pero para ellas la vida era menos solemne y preferían divertirse. Hasta llegaban a decir rimas groseras aprovechando las últimas palabras de mis oraciones.
No eran demasiado grandes, ni demasiado chicas, ni muy redondas, ni en punta. Tampoco eran el término medio, pero eran muy simpáticas y ocurrentes.
Sólo hablaban conmigo. Lorena no las escuchaba, ni siquiera en la ducha cuando cantaban Singing in the rain a dúo. A veces, me despertaban susurrándome al oído y se dormían con mi voz en su piel.

Fingían estremecimientos y cuando por algún motivo yo contestaba con mal humor, ellas utilizaban el truco aprendido. Nos hicimos muy compinches, tanto, que a veces era un ménage à trois, pero un día dejaron de hablarme. Al tiempo se llevaron a Lorena.

23 jul 2008

A poco después

El arrebol juega a la esgrima con las sombras. Sólo los tontos apuestan a la miel.
Es dulce creer en las hendijas de luz, pero el cielo está muerto de grietas. El gris de la explosión le pegó en la cara y repetirá soles tartamudos.
Brindis con tangonías diluidas entre uvas de alplax y un collar de caramelos mordidos, a medio amargor, para superar el peso de la sangre fatigada.
Sin las encrucijadas, las huellas se pierden y flotan invisibles en el espejismo.
Llegar vivo a la madrugada es cosa de valientes. La nariz se quema de tanto respirar y la mirada se enreda en los mapas fantasmas, que mienten la ubicación del tesoro

Ella tenía otra voz oculta en la mochila. A él le crecían dagas en la boca. No supieron otra cosa que mutar.
A cada morder, a cada gozar, a cada balbuceo, un terrón de opio para no ver los huecos del cielo. Hay que juntar el termo, las colchas, el mate, los naipes, y lo más que se pueda del mar. Nadie sabe cómo eclosionan las presencias.
Para no morirse del todo, habrá que caminar cerca un espectro de otro.

17 jul 2008

Tanghídico

Estas noches son guadañas de grillos. Me parece que los grillos no sufren el calor, sin embargo tratan de mantenerse ocultos en un mismo lugar, al igual que Claudia, que en el sector de la cama en que caía quedaba durante todo el amor, como esos barcos aparentemente inmóviles en el horizonte, pero que a la mañana siguiente ya no están, tal como hizo Gustavo cuando consiguió novia y se creyó que ese era el motivo de la vida y no volvió al bar, y se casó, y tuvo tres hijos, y fue a reuniones de padres en el colegio, y a Carrefour a hacer la cola en la caja de los envíos a domicilio y se quejó en troupe de desgraciados por los avatares del corralito y después se separó y ahora busca el bar, pero nosotros ya nos fuimos a colonizar otros moscatos.
Y todo parece estar hasta que se va sin aviso y entonces queda un recuerdo con la consigna de ahuyentar al olvido y la ingenuidad de creernos mejores porque no olvidamos.
Al recuerdo de Claudia lo abrigan los grillos. Si no fuera por la débil constancia y la insensata delación, la hubiera olvidado en el fondo de otra sangre, como a Gustavo que me lo devuelve el fernet con Cinzano.
Nosotros ya no somos los que aman, sino los que recuerdan para creer que seguimos amando, pero a veces hay vientos cálidos de primavera que me hacen recordar el vuelo de la pollera de Micaela o el viento frío de abril que me trae media docena de ausencia.
Todos escapamos de la escena para simbolizarnos en los detalles corrientes y múltiples. Como caricaturas que restaron su piel a la imagen.
Y entonces, los grillos son más ella que ella, y el viento que iza polleras es más Micaela que Micaela, pero Micaela y Claudia serán otras cosas para otros, hasta que todos los aconteceres las recuerden y su yo, sea un símbolo indescifrable para su confundido yo.

¿Qué aroma despierta mi recuerdo en vos? ¿Qué brisa te hace decir mi nombre casi olvidado? ¿Qué mirada te recuerda mis manos?

14 jul 2008

Un otro

Ella dijo que no sabía el por qué pero que de esa manera todo iba a ser mejor para los dos.
Estaba segura de que convenía vaciar el sentimiento en ese momento y no esperar a que avanzara. La miró y supo que ella nunca había entendido.
Había sido engañada por la creencia de que el amor es secuencial y crece a medida que pasa el tiempo, sin embargo, él sabía que era lo opuesto. Puede mantenerse el amor pero no ser superior al día en que uno toma conciencia del Otro.
Entonces aceptó lo que ella dijo. El amor no está sujeto a explicaciones.
Ella nunca más tuvo necesidad de hablarle. Él, en cambio, tuvo necesidad de saber, pero nunca le habló para que no tuviera que inventar explicaciones indoloras.
No paseó más por las zonas por donde caminaban y cuando una mujer con la que está pide lo mismo que ella pedía se disculpa y se va (aunque parezca mentira esto lo hace misterioso e interesante)
Cuando le preguntan por ella, contesta acerca de otras. No la nombra ni con eufemismos. Borró de su vocabulario todas las palabras que lleven la sílaba inicial de su nombre. Esto es difícil dado que algunos verbos y sustantivos eliminados son necesarios para la construcción de un discurso amoroso claro, pero se arregla. También logró que su percepción cambie bruscamente el color de la ropa con que la recuerda y no sea similar a la de otra mujer.
Pero lo mejor fue cuando se dio cuenta de que ella no hizo esos ejercicios y aunque ya no le interese, recuerda al hombre del instante de la separación.
Ahora él habla menos y su sonrisa es más seductora, sus ojos pronuncian palabras mejores, y las manos aprendieron a hablar en cuatro idiomas.
Sólo le queda (de lo que ella conoció) abandonar la costumbre de escribir en un blog.
Camina por la calle como si ella no hubiera existido, le agregó a otras mujeres, las virtudes y defectos de ella, haciéndola desaparecer.
Está seguro de que el día que lo vea le dirá a su amiga: “Ahí va ese…” y su acompañante le responderá: “No, ese no es como me dijiste que era…” y en su mundo aparecerá uno más que no le de bola.
El capricho habrá cambiado de manos.

8 jul 2008

Humo

Nací en esta isla y nunca salí de ella. Está ubicada a tres días del continente. Es apenas una colonia de pescadores y algunos comerciantes de lana. Tiene su faro y tenía sus botes. Ciento setenta y ocho personas exactamente, antes de que el asesino comenzara su ataque.
Todo comenzó en una noche serena de invierno. Las barcas se perdieron, algunas quedaron hundidas cerca de la costa, otras solamente desaparecieron. No supimos qué pudo haber pasado con ellas. 
En la mañana todo el pueblo salió buscarlas, pero sólo vimos restos inservibles.
Por la tarde, en medio de la tarea, encontramos cinco cadáveres. La familia Nourto había sido asesinada.
La aldea es un lugar sencillo y pacífico, los únicos que tienen armas son los dos del destacamento policial, Soria y Mehesi, pero ellos no fueron. Antes del anochecer los encontramos destripados en la playa.
Somos tan elementales que ni supimos de quién sospechar, pero alguien había sido.
La siguiente víctima fue Alfredo Mendía, el farero, que cayó o fue empujado desde las ventanas más altas del faro. Antes de transcurrida la primer semana, 65 personas habían sido asesinadas.
En la semana siguiente, no ocurrieron más muertes. Todos estábamos temerosos de salir, y habíamos organizado una patrulla, yo no formé parte de ella, y creímos que la situación estaba controlada aunque el asesino no fuera descubierto.
A la semana siguiente, otras cuarenta personas murieron. Algunos asesindos a golpes, otros apuñalados y unos pocos por dormir con el bracero y las puertas y ventanas tapiadas, a causa del miedo. Dos matrimonios se suicidaron atacados por el pánico.
Entre los ciento nueve vecinos muertos figuraba gente de todas las edades, viejos y jóvenes, débiles y fuertes, hombres y mujeres.
Las sesenta y nueve que quedamos con vida nos agrupamos en la Iglesia. Llevamos remos, palos y todo lo que pudiera representar un arma que nos ayudara. No hubo caso. en diez días sesenta y siete fueron masacrados. Solo quedamos Ballester y yo. Hace dos horas salí a buscarlo porque no sabía de él y me topé con su cadáver cerca del corral de ovejas. Regresé corriendo a la Iglesia. Entré, trabé las puertas y me escondí en la sacristía, ahora noto que del cenicero emerge el humo de un cigarrillo mal apagado.

3 jul 2008

Tregua

¿Sabés qué? ¡No te soporto más cuando se te vuelan las urracas!...
Ya no me resulta gracioso. Al principio hasta te digo, que era un poco... no sé... erótico. Pero ahora ya no me seduce.
Reconozco que tuve algo de culpa por la manera en que se fue destruyendo esta relación. Tal vez acepté demasiado sin saber poner los límites. Me resultaba divertido verte enojada, maldecías a todo el mundo y caminabas de un lado a otro por la casa siempre refunfuñando, y dándole a la maldición, amenazando... y ¡ojo, eh! qué cuando vos amenazás, sos de temer, pero a mí, que querés que te diga, me calentabas... yo me ponía a full y vos lo sabías aunque después te mandaras la parte y en cuanto tuvieras oportunidad me clavabas los dientes mordiéndome con ganas.
¡Claro! qué le voy a hacer... yo también me lo buscaba. Lo feo era que escupieras mis pedazos de carne por detrás de los sillones, como queriendo ocultar lo realizado, sin hacerte cargo de tu violencia.
Sí... si, está bien, lo corregiste y nunca más sucedió.
Desde entonces, fuiste más cuidadosa. Cuando llegaba más tarde que lo habitual, me esperabas con un frasco ya preparado para la ocasión. ¡Y entonces, sí! ¡Minga de tratarme irrespetuosamente!... Ahí están guardados de manera metódica los 3 dedos de la mano izquierda que me amputaste a dentelladas aquel día que me viste charlar con la vecina. También acomodaste como si estuvieran saludando, los cinco de la mano derecha, y en el estante de arriba del televisor, cualquiera puede ver que mis dos tobillos fueron cortados sin un rasguño siquiera.
Incluso, tengo que aceptar que pones buena voluntad y les cambias el formol a los frascos y pasás el plumero por sobre las tapas para sacarles ese polvillo que queda tan mal.
Los cartelitos, que a manera de etiquetas, te esmeraste en colocar, también señalan un detalle de buen gusto.
En cambio, no me gusta tanto, que en el mismo recipiente hayas juntado a mis orejas con mis labios y con mi nariz, porque me da un poco de aversión, repugnancia... ¿sabés?
Pero igual, no nos vayamos por las ramas. Creo que lo mejor para nosotros, por ahora al menos, es separarnos un tiempito y ver qué pasa...