1 sept. 2008

Final de Juego / Inicio de Partida

Como un enigma polvoriento vio la última baraja que le repartieron: el cuatro de melatonina.
El arcano misterioso está en los dedos descompañados y asolitarizados.
"No deben caer todas las palabras, las letras son polvo pasado y se desmoldan", se dijo, pero la nausea lo empujó afuera de la silla.
Los invisibles lo miraban en silencio, esperaban su reacción para decidir el estrecho color de las nuevas uvas.
"Debería quitar la sangre que sale de mi nariz" se dijo (y se lo repitió en voz baja para no hacerse caso).
Colocó el cuatro de melatonina en la manga, se esfumaron las fichas de su apuesta y se fue.

El camino era como una sardina infinita tan sensible que mientras él lo andaba, las escamas de asfalto le tallaban poemas en la suela.
La única nube (como si fuera la primer página de Crónica) decía: "tan desacralizado como una carta caída en la banquina". Guardó esas letras, sabía que las necesitaría para cuando tuviera sed.
Ya con la tardenoche invadiendo el universo, buscó un árbol desde donde vigilar. Tardó horas en encontrarlo. El olor a caracoles secretos lo impulsaba hacia adelante.
A medianoche se trepó al único arbusto que encontró y buscó en la planicie una mancha de fuego o de luz artificial. No la había, todo era negro, entonces sacó el cuatro de melatonina de su manga y simuló verlo como si fuera una fotografía de toda su vida, después intentó tranquilizarse, supo que los piratas estaban lejos y no lo quemarían esa noche, pero no pudo dormir, los invisibles habían atado sus párpados con cuerdas de cebolla.
Mientras tanto, unas cosas sobrehumanas estallaban contra el pavimento y expandían uñas apuntando a la debilidad.
Desde las banquinas negras llegaban los ausentes. Humectaban el aire con retornos desfigurados. Vanamente se repartió sus mejores recuerdos antes de que se los robaran. Cruzado el umbral de la evocación supo que la memoria lo iba a traicionar. Ser inteligente es ser cruel, o con uno mismo, o con el otro... se dijo y guardó todas las letras.
El tiempo era un pájaro muerto que dormía junto a él.

No hay velas a la hora del infierno, ni ojos que hagan tablas. A esta herida nadie le hace el repulgue porque a la muerte le resulta fácil disfrazarse de relleno, desde chica lo viene haciendo, pero a uno la cosa se le complica, el relleno está siempre unos pasos afuera.

2 comentarios:

El Titán dijo...

Sin palabras: un juego que condensa lo mejor de la literatura de blogs...

Asterion dijo...

Gracias Titan, pero es sólo un juego